lunes, 8 de noviembre de 2010

Poe (so) ma

color de una palabra
afiebrada
se derrama
y una luz tenue
tiñe las pupilas
refleja como el crepúsculo
textura de una imagen
ahora áspera
crepitar de una palabra
estremecida,
para siempre contenida
detrás de unos labios
voz que se disemina
en vigorosas marcas
ardientes,
rosados indicios
del poema
silenciado.

Apnea

Luz cálida, oblicua. No soy.
Me sumerjo en esa resonancia densa.
Contengo el aire.
Me muevo lenta.
Veo a trasluz.
Mis yemas
Rozan el fondo del decir.
Me doy impulso, aunque lenta.
Pero ¿qué?
Ante tanto resplandor.
Buceo entonces, profunda tu voz,
Contengo otra vez el aire.
Y silenciosa, regreso a la superficie,
Barnizada por tus manos.

Tierra arrasada

Soy tierra arrasada,
Por el éxodo, el fuego, el sismo.
Cual el paso del mil ejércitos
Tu abandono ha diezmado
Mi campo florecido.

No hay más que lodo revuelto,
Y algo de verde pisoteado.
Mis habitantes han huido,
Y se han llevado
Trabajos, canciones, sudor y alegría.

Silencioso es el anochecer,
en esta tierra.
El sol apenas un leve brillo
Anaranjado en un gris
Sin horizonte.

La noche huérfana,
El despertar tortuoso,
Sin sentido.

Soy tierra arrasada,
por el éxodo, el fuego, el sismo.
Cual el paso de mil ejércitos,
Tu abandono ha diezmado
Mi campo florecido.

Paula Sch, Octubre 2008

Acechando

El espíritu se aquieta,
esa fiera estúpida.

Siento el rondar pertinaz
Por la frontera invisible.
Un incierto paraje,
Que anda insinuándose
En efluvios de nacar y salitre.

Impulso extraño, sostenido.
Bruxando la embestida.
Hermética boca,
Desliza, leve, la señal.

Pero ya es tarde.

Se precipita, sagaz.
Levanta polvareda.
Hilos de saliva y
Tinta espumante,
Destellan en la tierra.

Huir al sueño,
Sedienta.
Y después retornar a lo mismo,
Al despertar,
Al olvido.

Paula Sch, setiembre 2010

De tarde

Sabroso atardecer,
Vívida caricia,
Todavía palpita en
Dulce rojiza
Fruta que sorbo,
y en cada bocado,
deleite del ahora
Regocijo del pasado.

Contratiempo

Destellos, formas deshilvanadas
Ligeras sombras nocturnas
Se interceptan y
Condensan la oscura profundidad-deseo.

Simulacro,
Promesa de antemano
Derrotada por lo que ya es.
Se gesta contra los días

Chispa de eternidad
Ahogada por lo cotidiano.

Derrota, orgásmico sollozo.
Abandono, empuje, presión, roce,
Restrego, fricción, sorbo, succión.
Mirada, caricia, opresión, estrujo.
Espalda, despedida.
Bendito instante, accidente, contratiempo.

Paula Sch, Marzo 2007

Celaje de Plata

Salitrosa densidad del tiempo.

Fondeado prejuicio
Derruye el pequeño casco,
Ya oxidado.

Cruje la madera, raída.
Pero el temeroso engranaje se libera.
Leva anclas. Se alzan las velas

Un susurrante impulso
Le concede tardío rumbo
Hasta llegar a donde el mar se pone dulce,
Y plata.

Planicie de planicies, extraño celaje.
Una tormenta se anuncia en el aire,
Sofocante hasta las amarronadas aguas
Ahora quietas, silenciosas.
Truena lejano, y se acerca fresca la brisa,
Y trae un leve aroma de tierra y criaturas bendecidas

Ausente

Le escribe a su ausencia
A esa imagen que alcanza a esbozar
Todavía en el aire.
A su voz que resuena
En algún recóndito vértice
De esta habitación.
Le escribe a su ausencia:
A las palabras no dichas y
Ya amarillentas que caerán
Con la brisa en otoño.
A una sombra adelantada
Que se fue disolviendo
Hasta que (fuego que arrasa el fuego)
Feneció un mediodía
Le escribe a su ausencia
Convaleciente, de a poco olvidada
Como un huidizo pensamiento
Que se va sin dejar rastros
Y al que como a la estrella fugaz
testigo, elevo esta oración.

Testigo

Ese beso puro,
Recién amanecido,
Subterráneo.
Ese beso que viste, Testigo
No tuvo lugar.

Ocurrió, sí.
En los túneles de lo posible.
Se coló por alguna grieta
Del muro de lo que
Necesariamente es.

Un milagro, Testigo,
Fascina y espanta.

Bajaste la mirada, Testigo.
Te avergonzaste
Ver lo que no puede ser
Aquello confinado
A un rincón de nuestras vidas.

Fugaz armonía
Que el caos primordial
De esta ciudad, devora.