domingo, 6 de noviembre de 2011

Otra ciudad

Rondar inconsciente
Por las calles llanas.
La mirada recóndita,
Tardo el pensamiento,
Y un sopor en la piel,
De siesta estival.

Equívoco deseo
Lleva el andar
Por veredas sosegadas.
Y una brisa de baldosas frescas,
De patio ancestral,
Baña ligero el rostro.

De los ventanales sucesivos
Asoman esencias domésticas,
Cortinas de tinte amarillento,
Y un gato aburrido
Que se sabe sepia
Enmarcado en el recuerdo.

Infancia

Vuelve recóndito impulso
Que presiona los pedales
De la memoria,
Y en la curva de los sueños
Un afán incontenible
Que veloz tropieza,
Con el presente y raspa, y sangra.

Solitario tronco, abrazo amigo.
Testigo paciente
De juegos de palabras, soliloquio en retoños
Que se yergue tenso
Hacia las cosas graves y adultas.

Música del atardecer
Que alumbra suave
La piel bronce y tirante.
Figuras esbeltas se proyectan
Sobre el césped húmedo
De ráfagas de agua danzarina

Moras, ciruelos, nísperos
Humildes se prodigan,
Como nuestras sonrisas,
De repentinas zambullidas,
Mientras chillón el hornero
Quiere retener el día.

No alcanzan el sol furioso del mediodía
Ni las movedizas sombras del paraíso,
No alcanzan la hoja ni el poema,
Para acallar la infancia
Qu
e se ha roto en mil pedazos.
Sin querer y en sordina.